Los acondicionadores de aire tradicionales y últimamente los tipo Split también han sido adoptados para dar calor a los ambientes, todos estos funcionan con electricidad.
Los calefactores a gas son los más difundidos quizá por su costo más bajo, comparado con los sistemas de calefacción central. Los hay de infinidad de marcas y tamaños.
a dormir cobijados con algunos cablecitos .
El calefactor a kerosene se usó más tiempo en el interior donde todavía no llegaba el gas, y en las zonas rurales.
Mientras vivíamos en Victorica, éste era el tipo de calefacción que utilizábamos, lo que constituía un trabajo era el hecho de tener que manipular tambores de 10 litros con el combustible y después verterlo en el tanque que le suministraba el líquido a los aparatos.
!Toda una tarea de rutina que llevaba tiempo y esfuerzo!
Ni qué contar cuando había escasez del citado kerosene y había que estar muy atentos para que no faltase durante todo el invierno.
Otro tipo de estufas a kerosene que también eran muy usadas eran los "Branmetal", y toda una variada gama de modelos. A estos había que mantenerles lleno el tanque que tenían abajo o atrás. Además había que cuidar que la mecha estuviese limpia y pareja para que no despidieran humo u olor.
Los dolores de cabeza que este tipo de artefactos nos han causado no fueron pocos, en el sentido literal y en otros sentidos.
Cierta vez habíamos salido de casa por algunas horas, cuando regresamos nos encontramos con un estado de cosas catastrófico: el calefacor estaba funcionadno mal y había ahumado toda la casa -paredes cortinas muebles, y el olor era inaguantable. Pensar en esto y en el frío del momento en que ocurría y además con los chicos de corta edad, era para desanimar a cualquiera. Ni con las puertas abiertas por varios días se lograba combatir el olor penetrante.
La leña ha sido desde tiempos remotos otro tipo de energía usado más ampliamente en el mundo.
Las salamandras todas de hierro eran muy populares como así también las estufas a leña o "estufa hogar". El único requisito es tener leña que no sea verde -recien cortada- disponible y trozada para alimentar el fuego.
Había que saber encender el fuego para que el humo al inicio no tranformara la escena en una "vizcachera" y el otro tema era tener leña seca en días de lluvia.
No obstante estos inconvenientes , creo que estar sentado al lado de una estufa hogar es una experiencia de lo más acogedora y reconfortante que se pueda tener.
Con las salamandras uno de los cuidados que hay que tener- aunque todo tipo de calefacción tiene sus peligros, especialmente con los chicos- es no acercarse demasiado porque las consecuencias pueden ser desagradables.
Cierta vez en la escuela Agrotécnica de Victorica, donde yo daba clase, el frío en el aula era intenso y la estufa estaba al fondo del aula. En el transcurso de la hora me acerqué hasta ella para recibir un poco más de calor, pero no advertí que mi abrigo había estado rozando una parte de la salamandra. El resultado ya se lo imaginan: un tapado arruinado por tostadura grande bien en el frente de la prenda, e imposible de solucionar. !Qué amargura la mía!
No obstante que a las habitaciones se las calentaba un rato, solamente alcanzaban a estar un poco "tibias", pero era mejor que "heladas" , por ello a la hora de ir a dormir el agua caliente era vital.
En la casa de mis abuelos paternos, en Carro Quemado, también había una de estas cocinas, era enorme, tenía cuatro hornallas.
La pava de agua caliente siempre era imprescindible que existiera sobre la plancha, toda vez que a la noche el agua del tanque tal vez no alcanzaría.
Bueno, y.. para qué se necesitaba tanta agua caliente??
Para las bolsas de agua caliente que se colocaban entre las sábanas a la altura de los pies.
Hoy se conocen muchos modelos y colores y tipos de fundas.
Antiguamente había de un solo tipo y color: marrón y con tapón enroscable. Las más modernas ya tienen otra tapa más segura.
Había que tener cuidado que la tapa quedara bien enroscada porque más de una vez sucedía que el agua se derramaba en la cama y ahí si que el zafarrancho era grande: había que destender todo, dar vuelta el colchón, cambiar las sábanas y despues dormir si se podía rápidamente, esta vez con la cama fría. Sólo quedaba el último recurso: mover las piernas y frotar con fuerza los pies contra las sábanas. A la distancia, hoy me doy cuenta que esto era conseguir calefacción en forma mecánica.
Otro cuidado a tener era evitar tocar la bolsa con los pies, especialmente si no se estaba usando medias, porque la goma lisa estaba muy caliente y podía hacer saltar de la cama a cualquiera o proferir algún exbrupto. Por ello despues se fabricaron no con goma lisa y se inventaron las fundas. !Qué alivio!
Se ponía a calentar un ladrillo en el horno de la cocina a leña, una vez que estaba bien caliente se lo envolvía en papel, se lo ataba para que no se desenvolviese y... ya estaba listo para calentar nuestras camitas por el resto de la noche. Al iguql que hacíamos con las bolsas de agua caliente, lo íbamos corriendo a distintas partes de la cama para que toda la superficie quedase tibia.
A medida que las casas fueron ganando en calefacción, los escarpines fueron perdiendo vigencia, y hoy queda alguno por ahí como testigo de los tiempos que pasaron.
Seguro ustedes conocerán muchos otros ejemplos de animalitos que se duermen en condiciones insólitas.
Pero... cuéntenme si tuvieron un ladrillo en su cama alguna vez para dormir?

Esta apretada síntesis sólo quiere ser un simple recuerdo de cosas que nos han tocado vivir y por tal motivo es que uno aprecia y da mayor valor al confort de la vida que HOY nos toca vivir.





















